Hace unos dos días, creo, respondí a la crítica de Jaime García Elías sobre la presentación de A csodálatos mandarin (El maravilloso mandarín) en el Degollado. Lo cito a continuación:
[...] la partitura es discontinua, pletórica de disonancias, carente de una línea melódica memorable [...]
El comentario me dio la impresión que se desconocía las características de la música del siglo XX. Siendo honestos, y de acuerdo con otros críticos de internet, se suele quedar con un repertorio romántico, anterior al siglo XX porque la gente encuentra muy difícil de encontrar la belleza en la música del siglo pasado.
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